Cuando toque a tu puerta por la mañana y te invite a
salir, dame la mano. Entiendo que puedas tener dudas o miedo. Sé que han intentado
lastimarte y que no te gusta perder el tiempo. Pero cuando llegue ese día, toma
en cuenta que soy un hombre honesto y de lealtades. Así que respira profundo y
anímate a salir. Regálate esa oportunidad.
Cuando estemos caminando por las calles, dame la mano. Al
poco tiempo te descubrirás caminando pausadamente, con la sensación de tener un
rumbo claro. Juntos tendremos la oportunidad de ver y aprender un montón de
cosas. Yo te cederé el paso a la entrada de los museos que visitemos y tú te
sentirás segura caminando a mi lado. Empezarás a disfrutar el día.
Cuando estemos comiendo, dame la mano. De lo que se trata
es de tener un pretexto que nos permita acortar las distancias. Para acompañar
la comida pediré una botella de vino. Podremos dejar a un lado las inhibiciones,
será una buena decisión. Además, tendré los ánimos de recitarte uno y mil
poemas. Más que cursis, los encontrarás bastante divertidos. Nos reiremos como
locos.
Cuando estemos en un café, dame tu mano. Como si se tratara
del mayor tesoro de este mundo, la tomaré entre las mías. De esta forma podré
apretarla cada vez que me sonrías. Nos sentiremos muy cómodos juntos. Hablarás
con una claridad temible y yo escucharé con atención. A veces yo también
hablaré.
Cuando estemos en el cine, dame la mano. Así me
mantendrás a raya. Y no es que te quiera poner a lidiar con expresiones
hormonales, lo que pasa es que siento una profunda atracción por ti. Por eso, en
honor a la verdad debo advertirte que las futuras visitas al cine podrían convertirse
en materia de conflicto: no importa que la película sea un fiasco o que tenga
los mejores efectos de producción, yo siempre procuraré acercarme a ti.
Cuando estemos en una fiesta y te invite a bailar, dame
la mano. Llegaremos a la pista sorteando obstáculos temibles y una que otra impertinencia.
Abrazado a tu cintura disfrutaré de la música que transforma a las nuevas generaciones.
Daremos vueltas y vueltas sin parar. Llegará un momento en que dejemos de pensar
en los demás para atender nuestros reclamos.
Cuando llegue la noche y te deje en tu casa, dame la
mano. De esta forma resultará imposible cerrar la puerta. Tendré que pasar
contigo o tú tendrás que quedarte conmigo. Nos tomará poco tiempo el decidirlo. Porque
para ese entoces, después de haber pasado un día juntos, tendremos la certeza de
haber tocado el cielo. El mundo será nuestro.