lunes, 3 de abril de 2023

Soñé con Celeste

 

22 de marzo de 2023

 

Ayer tuve un peculiar sueño: Celeste apareció con una sonrisa de ensueño. El motivo justo para sacudirme.

La historia empieza en una oficina de patios abiertos, llenos de vegetación de selva, en lo que presumo era una ciudad del estado sureño de Guerrero.

Yo estaba inquieto, observando cómo el gobernador del estado seleccionaba de entre una pila de currículas a las personas que integrarían su gabinete. Mi angustia crecía gradual y progresivamente porque Carlos, mi primo, era el secretario particular del gobernador e influía, no sé de qué manera, en la revisión de los perfiles.

En algún momento de la jornada me acerqué a mi primo y le pedí que intercediera ante el gobernador para que me diera audiencia. De alguna manera creía que mis palabras, pero sobre todo mi antigua relación con él, serían suficientes para convencerlo de que me seleccionara para acompañarlo en las tareas de gobierno. Cuando se lo pedí, Carlos estuvo de acuerdo en interceder por mí. Sentí que era una vaga promesa.

Las horas pasaban y yo no podía hablar con el gobernador. Enojado con mi primo, después de observar que el gobernador abandonaba la mesa donde revisaba las currículas para ir a otra reunión, me acerqué para colocar mi expediente arriba de los otros.

No tuve éxito. Lo único que pude fue ver que mi expediente era extenso. Tengo mucha experiencia, pensé. Alguna ilusión perdida resurgió en mí.

Hacia la tarde, el gobernador dio por terminada la jornada de trabajo y abandonó la oficina en compañía de una pareja que recién había llegado. La pareja, compuesta por una mujer y un hombre, ambos de edad avanzada, tenía una relación de confianza con el gobernador.

Frustrado por mi derrota, decidí irme a una estancia donde, sin saberlo, se reunían jóvenes entusiastas para hablar de la integración del gabinete. Cuando la conversación concluyó, los jóvenes empezaron a retirarse del lugar. Uno por uno se despedían y con argumentos similares me decían que mi nombramiento era un hecho, que mi perfil destacaba y que el gobernador ya tenía un nombramiento muy importante para mí. Aunque venían de desconocidos, encontré aquellas palabras verosímiles.

La última en aparecer fue Celeste. Se plantó frente a mí con una sonrisa de complicidad. Aunque no me dijo su nombre, yo sabía que era ella: mi cómplice de aventura, mi compañera de otros sueños.

Lo sabía no sé por qué. Tenía la certeza de que nos conocíamos muy bien, quizá de otra u otras vidas de ensueño, de que habíamos coincidido en todos los tiempos oníricos.

Sus ojos cafés claros, casi amarillos, y su pelo negro hasta el hombro eran únicos. Me sonrió para despedirse. El gesto suficiente para saber que todo iba a ir bien.