A principios de septiembre el gobierno presentó su
propuesta de Reforma Hacendaria. En primera instancia el planteamiento generó reacciones
positivas. Lo más destacable, quizá, es que los principales partidos de
oposición se hayan mostrado dispuestos a discutirla. No obstante este logro, las
críticas y el rechazo social hacia la propuesta del gobierno continúan
aumentando conforme pasan los días.
En un inició sorprendió que el gobierno no contemplara un
IVA sobre alimentos y medicinas. Desde
que Peña Nieto llegó a la Presidencia y el PRI modificó sus documentos
internos, muchos creían que el gobierno optaría por esta alternativa. Se
pensaba que la nueva administración pondría a prueba su capacidad de operación
con planteamientos valientes.
La dirigencia del PRD fue la primera en festejar la orientación
del proyecto de reforma. El presidente del partido, Jesús Zambrano, aseguró que
la propuesta aborda el problema de la desigualdad social al no gravar productos
básicos y al proponer una nueva Ley del ISR para poner impuestos a los que más tienen.
El PAN, aunque cauto y crítico, también aceptó como
favorables algunos planteamientos de la reforma. En voz de su líder, Gustavo
Madero, este partido consideró que entre los elementos de la propuesta que
merecen aprobación están el proyecto de pensiones a personas mayores de 65 años
y el plan para que los trabajadores formales gocen de un seguro de desempleo.
Ante el respaldo del PRD y la cautela del PAN, las
cúpulas empresariales reaccionaron con prudencia. El mismo día en que el Ejecutivo
presentaba su propuesta, los empresarios señalaron que harían el esfuerzo por cumplir con el planteamiento hacendario. Molestos y heridos, agregaron que
trabajarían por transparentar el ejercicio del gasto público.
A medida que pasan los días, sin embargo, el estudio
y análisis de los planteamientos sugieren que la propuesta de Reforma Hacendaria
podría resultar limitada en contenido y objetivos. Dejando a un lado propuestas absurdas como el
IVA a las colegiaturas, hay temas sobre los que es necesario debatir.
El Ejecutivo, particularmente la Secretaría de Hacienda,
no ha explicado cómo se ampliará la base tributaria. Este es un tema muy
importante toda vez que parecería que, con la nueva Ley del ISR, serán las
mismas personas físicas y morales las que tengan que pagar más impuestos.
Por otro lado, Hacienda señala que serán los más ricos los
que paguen más. El argumento, sin embargo, resulta poco creíble si se toma en
cuenta que el proyecto hacendario incluye un IVA a la renta y venta de casas y
departamentos.
No queda claro, tampoco, qué esfuerzos realizará el
gobierno como parte de un nuevo acuerdo hacendario. ¿Qué acciones emprenderá para hacer más eficiente y transparente el ejercicio del gasto de gobierno?
¿Por qué no incluye medidas contundentes de austeridad burocrática?
Al gobierno le falta un largo trecho para sacar adelante
su Reforma Hacendaria. En este camino la inconformidad de la sociedad va
ganando espacio. En el fondo, tal vez, lo que la gente reclama no es una “mejor”
propuesta sino un compromiso claro, un verdadero esfuerzo, algo que le dé certeza
sobre su futuro. Al final de cuentas México merece tiempos mejores.
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