No hay viento favorable para barca sin rumbo. Cualquier tentativa,
por grande o pequeña, resulta inútil si no hay claridad de objetivo. Además, como
decía Nietzsche, no basta con saber qué se quiere. También es necesario saber
que se quiere.
Con el paso de los años las osadías se terminan. Los
modos desafiantes y arrebatados se remplazan lenta e inconscientemente con
actitudes racionales. Llegan los
achaques. Quizá no los de la vejez pero sí los que doblegan.
Transcurre el tiempo y las decepciones se acumulan. Las
laborales y las del corazón, que son las que más calan. Tarde o temprano la
ingenuidad se acaba y uno termina aceptando, con sabiduría, que existen cosas que no se pueden cambiar. Es una lección que se aprende con
la edad.
Pero la vida es como un maratón y a pesar de que está llena de
obstáculos, vale la pena vivirla. Lo importante, lo sé, no es evitar la parte complicada. De lo que se trata es
de tener las agallas necesarias para superar la adversidad: los corredores exitosos también se cansan al subir una cuesta, sólo que se preparan de manera decidida para sobrellevar y superar los momentos difíciles.
He cumplido 35 años y no puedo dejar de pensar en lo
afortunado que soy. Para empezar, mi
familia me abriga y alienta. Son el punto de partida de mis sueños. Sé que algunas veces no les resulta fácil pero, a pesar de
ello, respetan mis decisiones. ¿Cómo podría detenerme teniendo tanto amor?
Tengo, además, a los mejores amigos del mundo. Unos están
más locos que otros pero todos han estado junto a mí cuando los he necesitado.
Juntos hemos recorrido México y alguno que otro rincón del mundo. Hemos cantado
con el mariachi y brindado por las mujeres. Compartimos uno y mil sueños. ¿Cuántas
misiones nos falta completar?
También soy afortunado por hacer lo que me gusta. Disfruto
mucho trabajando en asuntos que tienen que ver con el destino de mi país. Y, sobre todo, me siento profundamente privilegiado de poder incidir en la transformación de la industria petrolera nacional. Mi mayor pasión, muchos
lo saben, es Pemex.
Por lo demás, los que conocen del tema dicen que no hay historia
completa sin amor. Estoy consciente de ello. Por eso esperaré a
que se escriba mi destino. No tengo prisa. Algo dentro de mí, una intuición quizá, me repite todos los días que ella llegará.