A mis amigas y
amigos del INAP: cuántas historias faltan por contar
Carbón que fue fuego fácil se enciende. Con estas
palabras cerré un discurso mal articulado en la cena de graduación de la
carrera de relaciones internacionales generación 1997-2002 de la Universidad
Iberoamericana. Lo que intentaba, a pesar de mi desafortunada participación,
era exhortar a mi generación a seguir creyendo en nuestros sueños.
En el verano de 2011, nueve años después, regresé a las
aulas. Llegué con una formación laboral más desarrollada, con cierta prudencia adquirida
y con algo de timidez. No sabía lo que me depararían los próximos dos años pero
al momento de empezar la maestría en Administración Pública en el Instituto Nacional
de Administración Pública (INAP) tenía una ilusión muy clara: llegar tan lejos
como fuera posible.
En aquel año, lo recuerdo, el gobierno de Felipe Calderón
implementaba una errática estrategia para combatir al crimen organizado. Orientados
los esfuerzos en este grave problema, la sociedad no veía mejoras sustanciales
en otros temas igualmente importantes, como el económico y el social.
Al inicio de la maestría abordamos la historia política y económica de México. Leímos sobre la forma en que la Revolución Mexicana sirvió para sentar las bases del andamiaje institucional de nuestro país. Aprendimos que en la primera mitad del Siglo XX nuestra nación contó con hombres de Estado que tuvieron la creatividad y la capacidad para instrumentar políticas públicas acertadas que permitieron que México creciera y se modernizara.
Al inicio de la maestría abordamos la historia política y económica de México. Leímos sobre la forma en que la Revolución Mexicana sirvió para sentar las bases del andamiaje institucional de nuestro país. Aprendimos que en la primera mitad del Siglo XX nuestra nación contó con hombres de Estado que tuvieron la creatividad y la capacidad para instrumentar políticas públicas acertadas que permitieron que México creciera y se modernizara.
Discutimos sobre el papel del Estado y su
responsabilidad en la solución de los problemas actuales. En este contexto, analizamos
la crisis económica y financiera internacional de 2008-2009. Entendimos que el
Mercado, por sí solo, no tiene la capacidad para resolver satisfactoria las
necesidades de todos los ciudadanos y que, por ello, es necesaria la prudente
intervención del Estado. En lo personal, reafirmé la necesidad de avanzar más
allá de cualquier falso dilema: el Mercado fomenta las actividades productivas
y el Estado se encarga de garantizar lo intereses de la sociedad, sobre todo los relacionados con los grupos vulnerables.
Aprendimos, además, sobre la importancia de las compras y
adquisiciones del gobierno. Vimos, con
frustración, cómo la normatividad es el primer y más grande obstáculo para que
los servidores públicos ejecuten en tiempo y forma las licitaciones. Pensando
en las dependencias que conforman al gobierno, entendimos de la importancia del
buen criterio para poder llevar a cabo los proyectos y lograr la buena marcha
del país.
También reflexionamos sobre el papel que el servidor
público juega en la administración pública. Una y otra vez coincidimos en que la formación
y la capacitación de las personas son el primer paso para tener un gobierno
eficiente y eficaz. Entendimos que los servidores públicos, sindicatos
incluidos, no pueden concebirse como un problema de las instituciones. Al contrario,
éstos deben entenderse como el principal capital con el que cuentan las
dependencias para alcanzar sus objetivos.
Hacia el final de la maestría abordamos los problemas que
implica el implementar las leyes vigentes. Sobre este tema en particular, destacamos
la falta de un Estado de derecho sólido: actualmente el marco jurídico de
México está compuesto por normas que no responden a la realidad y que representan
un obstáculo para la acción oportuna de gobierno. Por otro lado, las leyes de nuestro país se respetan poco. Como
mexicanos, no estamos acostumbrados a someternos al imperio de la ley.
Estos y muchos otros temas relacionados al Estado, al
gobierno y a la administración pública fueron los que tocamos a lo largo de la
maestría. En los seis cuatrimestres en que se compone el plan de estudio, nos
acompañaron autoridades y profesores extraordinariamente preparados y
comprometidos. Soy fiel testigo que ninguno de ellos rehuyó al debate ni tomó
represalias por las críticas y cuestionamientos que realizamos.
Pero la fortuna más grande, sin lugar a dudas, son mis
compañeros de generación. ¿Cómo no valorar la pasión con la que se desenvolvieron
en clase? ¿Cómo habré de pagarles su amistad? Para mí no hay vuelta de hoja: les ofrezco mi mano para alcanzar sus sueños. Yo sé, por otro lado, que cuento con ellos para hacer lo propio.
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