domingo, 8 de septiembre de 2013

Medias verdades

Es medio día cuando el líder toma el micrófono. La gente aglutinada sobre Avenida Juárez guarda silencio, han esperado con paciencia y expectación este momento.

El discurso inicia con una mención a los maestros. A esos que han desquiciado la ciudad de México en las últimas semanas y que decidieron permanecer en el Zócalo hasta que sus demandas sean atendidas les manifiesta su respeto y solidaridad. Sabe que su apoyo le serviría para fortalecer la movilización ciudadana pacífica, como describe al movimiento que encabeza.

No tarda mucho en lanzar su primer dardo: la política económica implantada desde hace 30 años ha provocado la ruina del país. El entreguismo del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, de acuerdo con él, resulta particularmente obsceno. Políticos corruptos, traficantes de influencias, neoliberalismo y cinismo son algunas de las palabras que exacerban el ánimo de los presentes. En su mayoría son mujeres y hombres de clase baja y media que no dudan en mostrar con gestos y arengas su lealtad al líder. Son, me queda claro, gente franca y valiente.

El discurso está perfectamente estructurado. Resalta la crítica puntual sobre la apertura en sectores estratégicos. En qué nos han beneficiado las privatizaciones de la banca, de las telecomunicaciones, de los ferrocarriles, de la minería y de otras tantas actividades. No hay mucho qué discutir: la ausencia de reguladores fuertes y de reglas claras han hecho que los beneficios se concentren en unos pocos.

Las palabras del líder forman parte de un panorama sombrío y complicado. El cielo, cargado con nubes grises, refleja de forma involuntaria el ánimo nacional. Los problemas de inseguridad siguen latentes. La economía nacional está estancada. La clasificación de la selección mexicana al mundial de fútbol pende de un hilo. Todo es culpa del Presidente Enrique Peña Nieto, al menos eso es lo que creen y gritan los asistentes al acto de este día.

El líder es hábil y aborda la propuesta energética del Ejecutivo de acuerdo con lo que le conviene. Dice que el gobierno quiere reformar el artículo 27 de la Constitución para compartir las ganancias del petróleo con empresas extranjeras.  Plantea que van a reducir los derechos que cubre Pemex para que las empresas extranjeras también paguen menos. Considera, además, que con la reforma al artículo 28 constitucional pretenden privatizar la refinación, la petroquímica, el gas, la industria eléctrica, el transporte y la distribución de los energéticos.

Las medias verdades son mentiras completas. Las diga la actual administración o el líder meseánico. 

Cualquier vocero gubernamental podría explicar que el gobierno plantea reformar el artículo 27 constitucional para aumentar la capacidad de ejecución en la industria petrolera nacional y ampliar la renta petrolera. Podría argumentar que pretende reducir los derechos sobre los hidrocarburos para permitirle a Pemex competir en las mejores condiciones posibles, o que busca reformar el artículo 28 de la Constitución para lograr que, bajo reglas claras, el Estado y los inversionistas puedan ofrecer combustibles y electricidad a precios bajos. ¿Y?

Son tiempos de definición, dice el líder. Vamos a la movilización pacífica, grita con energía. Los más de 30 mil seguidores lo aclaman. Muchos de ellos, si no es que la mayoría, ven en él una autentica esperanza, una solución. Otros, que no están presentes, lo consideran una seria amenaza. 

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