domingo, 16 de junio de 2013

La obsesión

Las obsesiones son peligrosas. Representan un obstáculo para entender la realidad. Nublan el panorama y los criterios sobre los cuales se toman decisiones.  Generan acciones y resultados erráticos.

Al inicio del nuevo gobierno, Enrique Peña Nieto dio a conocer 13 decisiones presidenciales con las que se pretendía iniciar la trasformación de México. Eran decisiones concretas para abordar los problemas más urgentes del país. En ellas se incorporaron algunas de las propuestas que desde la izquierda y la derecha se han venido realizando en los últimos años.

Una de las 13 decisiones presidenciales fue el déficit presupuestal cero, es decir, el ejercicio de un gasto público no mayor a los ingresos de gobierno. En otras palabras, la decisión de gastar sólo lo que se tiene para no recurrir al endeudamiento.

Los mercados reaccionaron con entusiasmo al anuncio. Festejaron, en particular, la disposición del nuevo gobierno de continuar con el manejo responsable de la economía. El buen ánimo se reflejó en el comportamiento de la Bolsa Mexicana de Valores. Durante diciembre y los primeros meses del año el país recibió importantes flujos de capital que respondían, entre otras cosas, a la solidez de las finanzas públicas.

Eran tiempos de optimismo. Los organismos internacionales y las agencias calificadoras corregían al alza las estimaciones de crecimiento para la economía mexicana. El mismo gobierno, alentado por la efectividad del Pacto por México, sugería la posibilidad de que la actividad económica del país se elevara por arriba de 3.5% al cierre de 2013.

Conforme fue avanzando el año, no obstante, el panorama económico cambió. La economía mexicana reportó un raquítico crecimiento de 1% en los primeros tres meses del año y la inflación se disparó a niveles preocupantes. Hacia el mes de mayo, todos los indicadores económicos ratificaban lo que se percibía en el ánimo y los bolsillos de la gente: la economía se había frenado.  

En este contexto, resultó particularmente sorpresivo y alarmante enterarse de que el gasto público se redujo 10.4% en el primer trimestre del año. Esta reducción, que se explica como una consecuencia del déficit presupuestal cero,  afectó a muchos sectores de la sociedad mexicana cuyas actividades económicas están vinculadas al gasto de gobierno.  Profundizó, también, la caída de la economía nacional. 

El gobierno ha fallado al obstinarse con el déficit presupuestal cero. En tiempos inciertos, donde las economías europeas están en recesión, China reduce sus expectativas de crecimiento y Estados Unidos no logra superar completamente la crisis económica de 2008-2009, el gobierno de México debería de utilizar todas las herramientas a su alcance para fomentar el crecimiento.

El gasto público es una de estas herramientas. Prescindir de ella en estos momentos se entiende no como una razón de prioridades sino como una falta de sensibilidad. A final de cuentas, una decisión acertada se basa en el sentido común: ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre. 

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