domingo, 30 de junio de 2013

Brasil: el ejemplo del campeón

Brasil es el campeón de la Copa FIFA Confederaciones y un líder global. Entre 2000 y 2010 su economía creció a un promedio anual de 3.7%, ligeramente por arriba del crecimiento de América Latina, que en el mismo periodo registró un aumento de 3.0% en su PIB. El “milagro económico brasileño” fue, por lo menos hasta hace poco, motivo de admiración a nivel internacional y razón suficiente para que el economista Jim O'Neill considerara a la nación sudamericana como una de las potencias emergentes que dominará el siglo XXI.

El crecimiento económico brasileño de los primeros años del nuevo siglo se acompañó con medidas sociales acertadas. Los presidentes que gobernaron al país en este periodo, Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silvia, implantaron un proceso de inclusión social que permitió que 20 millones de habitantes dejaran la extrema pobreza. Las políticas públicas de izquierda permitieron, también, que el salario mínimo creciera más de 60% y que el desempleo se redujera a mínimos históricos. El éxito del proyecto modernizador de Brasil se vio reflejado, además, en el aumento de la matrícula universitaria.

A las mejoras económicas y sociales se sumaron los éxitos en la industria petrolera. En esos años, la petrolera del Estado, Petrobras, anunció importantes descubrimientos de hidrocarburos en aguas profundas de Brasil. Con estos hallazgos las estimaciones de producción de petróleo se elevaron rápidamente y muchos inversionistas decidieron invertir en la nación carioca para aprovechar las oportunidades que ofrecía la industria.

El panorama del país, no obstante, empezó a deteriorarse tras la crisis económica mundial de 2008-2009. Producto de la desaceleración mundial y del impacto sufrido por muchas naciones con las que Brasil mantiene relaciones comerciales estrechas, la economía brasileña vio reducir su crecimiento económico de forma considerable. El PIB del país, que en 2010 había aumentado 7.5%, creció solamente 2.7% en 2011 y 0.8% en 2012. En contraste, América Latina reportó un crecimiento de 4.5% y 2.9% en 2011 y 2012, respectivamente.

En este contexto de reducción económica, a mediados del mes de junio miles de jóvenes salieron a las calles en Brasil para protestar contra el alza en las tarifas del transporte público. Las manifestaciones, que coincidieron con el inicio de la Copa FIFA Confederaciones, fueron sumando apoyos y fuerza con el paso de los días. Las demandas dejaron de enfocarse exclusivamente a los servicios públicos y se abrieron a temas como la corrupción y la educación.

El gobierno de Dilma Rousseff, al ver la vitalidad y fuerza de este movimiento, decidió dar marcha atrás al alza de las tarifas del transporte público. También se comprometió a emprender una reforma política para atender las otras demandas de los manifestantes.

A pesar de la voluntad mostrada por el gobierno, la crisis social que vive Brasil está lejos de resolverse. Los reclamos de los jóvenes, y de todos los demás sectores que apoyan estas manifestaciones, no habrán de solucionarse con tarifas públicas más baratas ni con apoyos educativos. En el fondo, será necesario que la clase política del país sudamericano logre que el crecimiento económico se traduzca en mejores condiciones de vida.

Hoy los problemas de Brasil no pasan por el tema económico, más bien tienen un carácter político. Parecería que los gobernantes no han tenido la capacidad para leer y entender las aspiraciones de los gobernados. No sólo eso, tampoco han tenido el decoro de ejercer el poder con honestidad. Al igual que en muchos otros países, la clase política brasileña vive envuelta en escándalos de corrupción.


Lo que pasa en Brasil debe servir como ejemplo para México. Nuestro gobierno debe procurar el crecimiento económico como instrumento para mejorar las condiciones de vida de los mexicanos. En este camino, nuestros políticos deberán estar conscientes de que nuestra sociedad está más informada, es más participativa y no tolerará actos de corrupción. 

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