La imaginación no tiene límites. Los seres humanos somos
capaces de elaborar las ideas más sorprendentes. Tenemos,
también, la extraordinaria capacidad de ponerlas en marcha: todo lo que es concebible
en nuestra imaginación es susceptible de volverse realidad.
En este mundo, caracterizado por los avances tecnológicos,
las únicas constantes son la incertidumbre y el cambio. La investigación y el desarrollo
aportan respuestas y soluciones a muchos problemas de la humanidad. Las innovaciones son impresionantes por su utilidad y efectividad. Lo que más impresiona, sin embargo,
es el ritmo en que se avanza y lo rápido que las ideas y los productos se
vuelven obsoletos.
Basta con adentrarse un poco en los temas del futuro para
tomar conciencia de la inmensidad del universo. No es extraño ni difícil conmoverse por las
extraordinarias oportunidades que tenemos frente a nosotros. Podemos, incluso,
llegar a sentirnos frustrados por lo poco que, como personas, contribuimos a la
evolución de la humanidad.
Nuestra creatividad e imaginación, no obstante, han hecho
posible que una infinidad de proyectos y productos resuelvan los problemas de
la especie humana. Los autos que se
manejan solos, por ejemplo, son una propuesta para atender las necesidades
presentes. Estos vehículos autónomos son
muy útiles para aquellas personas
jóvenes o mayores que no están en condiciones de manejar.
Las impresiones en tercera dimensión son, también, una tecnología
que facilita la vida de mujeres y hombres. Sirven para crear objetos a partir de un
modelo digital sin necesidad de recurrir a procesos de transformación que
generan desperdicios e imprecisiones. Esta
tecnología permite imprimir prótesis, réplicas de tejidos humanos o crear
comida.
Hacia el mediano plazo, los seres humanos tendremos que acostumbrarnos
a vivir con los robots. Estas “máquinas” del futuro realizarán, de forma eficiente, cualquier actividad que desempeña actualmente el hombre. Con
su presencia, las relaciones y los procesos económicos se verán transformados en
todo el planeta.
En este contexto, cada uno de nosotros tendrá que reflexionar y decidir la forma en
que encarará el futuro. Podremos negarnos a aceptar los cambios. Podremos, asimismo, actuar de forma reactiva. Podremos, también, asumir una actitud proactiva para convertirnos
en dueños de nuestro futuro. Las nuevas
tecnologías, en todo caso, nos ofrecen herramientas para adaptarnos a los cambios.
Los avances tecnológicos permitirán, por otro lado, que
mujeres y hombres vivamos más tiempo. En el futuro no habrá padecimientos
incurables, el envejecimiento será tan sólo una opción. Ante esta realidad, el
Estado deberá de transformarse para responder a nuevos problemas y desafíos. El
principal de ellos estará relacionado con la necesidad de satisfacer las
demandas de sociedades cada vez mayores. Tendrá, además, que saber gestionar la relación entre hombres y robots.
No es fácil concebir, entender y aceptar el camino que
día a día va tomando la humanidad. Los prejuicios funcionan como falsos dilemas
que nos anclan al presente. Pero no sólo eso, también estamos llenos de temores
que generan reservas y desconfianzas.
Para superarlas, el papel que desempeñen los jóvenes en
todo el mundo será fundamental. Deberán ser ellos los que, con pasión y
creatividad, se conviertan en agentes de cambio que orienten el destino del
planeta. Su curiosidad deberá ser el punto de partida para que no haya
perdedores ni excluidos durante el vertiginoso proceso de evolución de la humanidad.
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