El 2013 resultó fascinante. Fue un año en el que conquisté
nuevas distancias y en el que aprendí un montón de cosas. Lo recuerdo, como a ninguno otro, por sus
contrastes.
Desde el primer día de enero tracé un plan de vuelo. Convencido
de sus beneficios, muchas veces lo seguí. También hubo momentos en que me aparté
de él. A veces por valentía, a veces por miedo. Pero siempre traté de ser
disciplinado y coherente. Cuando lo hice, logré mucho. Cuando no, llegué a
frustrarme.
En 2013 caminé junto a gente extraordinaria. Aproveché su
compañía para desafiar dogmas. También me crucé en la vida de personas desconocidas.
Procuré asimilar sus pasiones y descubrirme en su mirada. Por lo vivido, confieso
que me gustaría encontrarme con ellas y con ellos para seguir aprendiendo y,
por qué no, continuar buscándole el lado obscuro a la luna.
Una de las cosas más útiles que hice fue desprenderme de complicaciones pasadas. Gracias a ello
logré andar ligero. Corrí sin mirar atrás y me sentí feliz. Después de todo, siempre ha existido un mañana.
Hoy, después de 12 meses, soy diferente. Tengo un humor marcadamente
más agrio y otras características menos perceptibles. Intento ser más discreto en
mis formas y procuro evitar hablar con el hígado: las palabras tienen más
sentido y suenan mejor cuando se piensan.
Para México también fue un año fascinante y lleno de
contrastes. Empezando por la parte económica, que tiene una gran relevancia, en
su primer año de gobierno la administración del Presidente Enrique Peña Nieto sorteó
con poca fortuna los retos que se presentaron. Por lo que hizo y dejó de hacer, el Ejecutivo
tuvo que reducir las proyecciones de crecimiento del PIB para 2013, que empezaron en 3.5%
y terminaron en 1.2%.
Afortunadamente no todo fue malo. Ahí está lo ocurrido en
materia de acuerdos. En este sentido, en los últimos 12 meses el gobierno y los
partidos políticos representados en el Congreso lograron concretar reformas
profundas e importantes que modificarán la vida nacional.
El reto para este año que inicia es lograr que estas
reformas vengan acompañadas de leyes sólidas que permitan al Estado mexicano ofrecer
beneficios a la sociedad. No será fácil, intereses muy poderosos amenazan con
socavar los cambios emprendidos.
Mención especial tienen la reforma energética. Si bien las
modificaciones en esta materia permitieron ampliar de manera agresiva la
participación privada en las industrias eléctrica y petrolera, hasta el momento
no hay elementos que permitan tener certeza sobre la utilidad de los cambios.
Para lograr que la apertura sea exitosa es necesario que
todos los involucrados en el sector nos esforcemos por construir leyes secundarias
que permitan maximizar el valor de la producción eléctrica y de hidrocarburos a
través de reglas claras y respetadas. Pemex y CFE deberán estar en el centro
del tablero energético.
Eso es en cuanto a los destinos del país. En cuanto a mí,
el reto que me he planteado es vivir intensamente cada uno de los 365 días de
este 2014. No será fácil, tengo que vencer viejos vicios y dejar de lado
pequeños rencores. Lo bueno es que estoy decidido a lograrlo.
Y no sé qué es, pero algo me dice que podré hacerlo si tú
me acompañas…
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