domingo, 12 de enero de 2014

Un día saldrá el sol

El sol no se puede tapar con un dedo. Por más que algunos se empeñen en negarlo, hoy el problema más grande de México es la inseguridad. Lo ocurrido en Michoacán a finales de diciembre y durante los primeros días del año reafirma el asombroso empoderamiento de los grupos criminales y la incapacidad de los gobiernos estatales y locales para enfrentarlos exitosamente. Muestra, también, la descomposición del orden social que se expresa a través de los grupos de autodefensa y los traspiés del gobierno federal frente a un espinoso asunto que no tiene pronta ni fácil solución.

La inseguridad en tierras michoacanas no es un fenómeno nuevo, basta recordar que en diciembre de 2006 el ex Presidente Calderón inició su guerra contra el narcotráfico en este estado. Sin embargo, el problema ha tomado otros tintes después de que hace un año las autodefensas de la entidad se levantaran en armas alegando la inacción de las autoridades ante las extorsiones, secuestros y asesinatos del crimen organizado.

En un contexto marcado por la débil acción de las autoridades estatales, fuerzas políticas opositoras al gobernador priísta Fausto Vallejo han demandado la desaparición de poderes como un paso deseable para la solución de los problemas de inseguridad que se viven en Michoacán. Recientemente el coordinador del PAN en el Senado, Jorge Luis Preciado, se manifestó en este sentido. Antes, en julio de 2013, el PRD había sugerido que ante la ingobernabilidad en el estado, una salida posible era la figura de la desaparición de poderes.

Lo de Michoacán no es menos alarmante que lo que pasa en otras entidades. En Guerrero, por ejemplo,  la seguridad pública enfrenta un momento delicado por el número de delitos que se cometen diariamente y por la violencia con que estos ocurren. Ante la falta de una respuesta eficaz  por parte del Estado, varios grupos han tomado el control para defenderse de la violencia e inseguridad. La Comisión Nacional de Derechos Humanos ha explicado que mucho del problema de seguridad en esta entidad se debe a la pobreza y al abandono de las comunidades, así como a la desconfianza en las instituciones.

Si bien Michoacán y Guerrero acaparan la atención mediática, existen condiciones de inseguridad en otras partes del territorio nacional. Chihuahua, Coahuila, Durango, Morelos, Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz y Zacatecas son algunos de las entidades que las bandas criminales han atemorizado y donde las autoridades no han encontrado la forma efectiva de regresar la paz. Se equivocan aquellos que piensan que las cosas están cambiando por el simple hecho de que los medios de comunicación han dejado de consignar problemas de criminalidad y violencia en estos estados.

En marzo de 2013 el Presidente Enrique Peña Nieto aseguró que los primeros resultados de su estrategia contra el crimen se darían en un año. A poco menos de tres meses de que venza el fatídico plazo establecido por el propio Ejecutivo, parece poco probable que la situación de inseguridad en México vaya a cambiar pronto.

Estoy convencido que el gobierno federal ha realizado un esfuerzo notable por cumplir este objetivo. Un ejemplo es la clara coordinación que existe entre todas las fuerzas federales para combatir a las bandas criminales. Esto, sin embargo, no ha sido ni será suficiente. Se requiere, además, de otras acciones que involucren a los tres poderes del Estado, a los diferentes órdenes de gobierno y a todos los sectores de la sociedad.

Nuestra participación tiene que estar orientada al fortalecimiento del Estado de Derecho. En la medida en que todos respetemos las leyes y actuemos con civilidad y sentido de justicia, los problemas de inseguridad en México se irán resolviendo. Quizá, entonces, el sol salga en todo el país. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario