domingo, 24 de enero de 2016

Millennials: presente y futuro


Hoy en México viven 29 millones de jóvenes que tienen entre 16 y 29 años de edad. Esto significa que el 24% de la población total del país, conformada por poco más de 120 millones de mexicanos, pertenece a los millennials, conocidos también como la Generación Y.

A los millennials, en México y en el mundo, se les ubica por ser ese grupo generacional nacido entre 1980 y 2000, que ha crecido en una época marcada por disruptivos económicos y tecnológicos. Su importancia en el entorno social se explica no sólo en términos demográficos sino también porque serán ellos los líderes que decidirán el rumbo del planeta en un futuro no muy lejano.  

En los últimos años, por esta y otras razones, los gobiernos y las empresas han volteado la vista a los millennials. Conforme se van identificando las brechas generacionales, queda claro que es muy importante y útil incorporarlos en los debates y en las decisiones relacionadas con el futuro de la humanidad.

En este contexto, la semana pasada el Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) abrió espacios importantes para hablar de los jóvenes de hoy. Durante la Reunión Anual del WEF celebrada en Davos, Suiza, representantes de gobiernos, empresarios y emprendedores reflexionaron sobre las aspiraciones, las expectativas y las inquietudes que los millennials tienen de cara a una realidad marcada por crisis constantes.

Sobre estos temas, los participantes en la Reunión Anual del WEF comentaron que los millennials destacan por ser la primera generación en la historia de la humanidad que tiene oportunidades más limitadas que las de sus padres. Aún así, serán ellos los responsables de resolver los problemas de nuestro mundo, incluyendo el envejecimiento de la población, la brecha de género, la crisis económica y el cambio climático.

A pesar de que han nacido y crecido en un entorno social complejo, el panorama tiene grandes oportunidades para los millennials. En muchos sentidos, estos jóvenes recibirán un mejor mundo del que recibieron sus padres; uno con menos pobreza, con mayor acceso a educación y a servicios de salud, y con posibilidades tecnológicas infinitas.

Los millennials son, además, la primera generación digital: muchos de ellos no conciben su vida sin internet. La tecnología no sólo ha moldeado la forma en que viven y trabajan, también ha creado un conjunto de creencias, miedos y aspiraciones. Estos valores influyen en los jóvenes y en la forma en que afrontan los retos venideros.

Nadie duda de que los millennials quieren trascender. La forma en que quieren hacerlo, sin embargo, dista mucho de los modos que emplearon sus padres para intentarlo. En la actualidad, por ejemplo, una gran mayoría de estos jóvenes cree que las compañías privadas son una alternativa para resolver problemas como el desempleo. Por lo mismo, no creen en el falso dilema entre Estado o mercado. 

Por otro lado, en este mundo digital los jóvenes tienen las herramientas necesarias para actuar. Las redes sociales les permiten promover causas y crear espacios para incidir directamente. Tienen más información y eso los empodera.

Los millennials también se diferencian de otras generaciones porque otorgan una importancia mayúscula a su calidad de vida. Para ellos es muy importante decidir qué carrera universitaria estudiar, qué productos comprar y cómo utilizar el tiempo libre. Les gusta, pues, estar o ir más allá de algo. 

Sobre las expectativas laborales, hoy en día los jóvenes se sienten atraídos por una cultura corporativa y por estilos de liderazgo completamente diferentes a los tradicionales. Como saben que pueden sacarle mucho provecho a la internet, esperan progresar rápido, tener una carrera laboral variada e interesante y, sobre todo, contar con retroalimentación.  

Para los millennials es importante sentir que su trabajo es útil y que sus esfuerzos tienen resultados claros. Por eso, cuando sienten que sus expectativas están incompletas no dudan en cambiar de trabajo.

En este sentido, los millennials califican constantemente al sector público como el menos adaptado a sus necesidades actuales y expectativas futuras. A esto se agrega la gran desconfianza que sienten por los políticos y las formas tradicionales de hacer política.

El reto para los gobiernos y los políticos, por ello, debe ser recuperar la confianza de los jóvenes: hablar de los temas y en el tono que ellos lo hacen. Es cierto que esto se puede lograr si se les involucra en los debates y en las decisiones. Para ir más allá, no obstante, es necesario hacerlos partícipes y responsables. ¿De qué? Del presente y del futuro.

domingo, 17 de enero de 2016

La partida de ajedrez

Este domingo la sociedad de Colima asistió a las urnas para elegir al nuevo gobernador del estado. Esta elección extraordinaria, en la que el Instituto Nacional Electoral se juega mucho de su credibilidad, se organizó luego de que el año pasado el Tribunal Electoral anulara las elecciones ordinarias por el desaseo en la contienda.

En aquella ocasión, 7 de junio de 2015, el PRI ganó al PAN por tan sólo 500 votos de diferencia. Las elecciones de este domingo 17 de enero resultaron similares, no sólo en términos de competencia sino en desaseo. En función de lo apretado de los resultados es probable que tenga que transcurrir un tiempo razonable antes de que las autoridades electorales puedan declarar a un ganador.

Con el lodazal político de Colima, en el que priístas y panistas volvieron a exhibir las peores artimañas, se inaugura un año electoral complejo. En 2016 los partidos políticos competirán por el mayor cúmulo de espacios dentro de un tablero político en el que el jaque mate se dará hasta 2018.

Por lo pronto, el próximo 5 de junio habrá elecciones para elegir gobernador en Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas. En todos ellos, menos Puebla, también se renovarán congresos locales y ayuntamientos. 
 
Ese mismo día se realizarán elecciones para renovar el congreso local y los ayuntamientos en Baja California. Es muy probable que ese domingo los ciudadanos del Distrito Federal también votemos para elegir a 60 de los 100 integrantes de la Asamblea Constituyente, quienes tendrán la responsabilidad de construir un nuevo marco jurídico para la Ciudad de México.  
 
La jornada electoral cobra importancia porque de ella surgirán 388 diputados locales y 547 alcaldes (en Oaxaca se elegirán, además, 418 munícipes por usos y costumbres). De estas elecciones saldrán, además, 13 nuevos gobernadores. Todos ellos tendrán acceso a recursos financieros y materiales que, sin ninguna duda ni remordimiento, emplearán en la partida de ajedrez de 2018.

De las 13 entidades donde se renovará la gubernatura, el PRI gobierna 10 y la oposición tres, con mandatarios que han surgido de alianzas encabezadas por el PAN y el PRD (Oaxaca, Puebla y Sinaloa).
 
En seis de las entidades donde se realizarán elecciones (Colima, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz) nunca se ha dado una alternancia en la gubernatura. En estos estados no existen contrapesos efectivos a los gobernadores y la estructura del PRI es particularmente sólida.

En los cuatro restantes (Aguascalientes, Chihuahua, Tlaxcala y Zacatecas) el PRI recuperó el gobierno tras administraciones fallidas encabezadas por el PAN o el PRD.

Bajo la idea de que el 2016 es parte de una compleja partida de ajedrez, se puede argumentar que las elecciones de este año fungirán como indicadores de fuerza para personajes involucrados en la carrera presidencial. De manera particular, el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el Gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, parecerían ser dos de los aspirantes que más se juegan el 5 de junio.

El primero ha resurgido como un precandidato sólido tras la captura del famoso narcotraficante Joaquín Guzmán. Una victoria del PRI en Hidalgo impulsaría aún más sus aspiraciones presidenciales. El segundo participará en la que probablemente sea su última prueba de fuego rumbo al 2018. Si es capaz de sacar el resultado en Puebla, difícilmente habrá otro contendiente, al menos en el PAN, que pueda contrapuntearlo.  
 
Existen otras figuras que estarán jugándose mucho de su capital en estas elecciones. Los líderes del PAN y del PRI, Ricardo Anaya y Manlio Fabio Beltrones, son dos de ellos. Ambos construyen, desde sus respectivos partidos, expectativas y aspiraciones que pueden materializarse si los resultados en 2016 se dan en su favor.

Por lo demás, resulta oportuno mencionar que en todos los estados donde habrá elecciones la sociedad ha mostrado signos de hartazgo. No es descabellada, en este sentido, la posibilidad de que se presenten resultados sorprendentes en la medida en que exista algún disruptivo que pueda canalizar el descontento de la ciudadanía. 

Por ello, los partidos políticos tienen la oportunidad (y el deber) de demostrarle a la ciudadanía que existen candidatos que vale la pena respetar: comprometidos con el servicio público, honestos, apasionados y capaces. No pueden olvidarse de que, como lo escribió Federico Reyes Heroles recientemente, el único patrimonio verdadero en la vida es el respeto de los demás.

domingo, 10 de enero de 2016

Tragedia y parodia

La historia, ya lo he dicho, siempre se repite. Primero como tragedia y después como parodia.

El viernes pasado, tras un enfrentamiento a balazos con elementos de la Secretaría de Marina, Joaquín Guzmán Loera fue recapturado en Los Mochis, Sinaloa. Esta es la tercera captura del capo, luego de que en 2001 se fugara del penal de Puente Grande, Jalisco, y de que a mediados del año pasado se escapara de la cárcel de máxima seguridad del Altiplano.

Las osadías de El Chapo no sólo significaron una humillación para los equipos de trabajo de Vicente Fox y Enrique Peña Nieto, también representaron una vergüenza nacional al poner en evidencia la debilidad de las instituciones mexicanas. El desafío, no obstante, se pagó con la misma moneda: el viernes por la noche el Gabinete de Seguridad mostró ante las cámaras de televisión a un animal sometido. Las autoridades querían demostrar lo dicho en el espectáculo de medios montado previamente: no existe delincuente que esté fuera del alcance del Estado mexicano.

Cuando parecía que el espectáculo se terminaba para dar pie a una discusión seria y profunda con respecto a las ventajas o desventajas de la extradición de Guzmán Loera a Estados Unidos, la revista Rollling Stone publicó en su portal de internet una conversación con el prófugo. Se trata de una entrevista que el actor estadounidense Sean Penn le realizó a El Chapo en octubre de 2015.

Lo publicado por Rolling Stone resulta muy interesante, no sólo porque se trata de la primera entrevista que ofrece El Chapo en más de 20 años, sino porque en ella se pueden apreciar características de la personalidad de este delincuente. Por ejemplo, en una parte de la entrevista se puede leer que Joaquín Guzmán se jacta de que él “abastece más heroína, metanfetaminas, cocaína y mariguana que nadie en el mundo”.

Aunque la entrevista es un buen esfuerzo periodístico, a mi juicio lo más interesante no son las respuestas concretas a las preguntas de Sean Penn, sino las referencias a la debilidad institucional de México. En particular, me refiero a las sugerencias que el entrevistador hace con respecto al Ejército y a los comentarios que Guzmán Loera supuestamente desliza con respecto la industria del petróleo.

En el primer caso, escribe Penn, “Y luego, mientras parece que estamos a la entrada de Oz, la cima más alta visible a nuestro alcance, llegamos a un punto de revisión militar. Dos soldados uniformados, con armas listas para ser usadas, se acercan a nuestro vehículo. Alfredo (hijo de Joaquín Guzmán) baja la ventana; los soldados retroceden, se ven apenados, y nos permitan pasar. Wow. Así que esto es, el poder del rostro de un Guzmán. Y la corrupción de una institución”.

En el segundo, escribe Penn, “él (Joaquín Guzmán) nos sugiere que consideremos cambiar de camino profesional al negocio del petróleo. Dice que ambicionaría entrar al sector energético pero sus fondos, al ser ilícitos, restringen sus oportunidades de inversión. Cita (aunque pide que no se difundan) una multitud de grandes corporaciones corruptas, en México y en el exterior. Menciona con desdén muchas que han servido para lavar su dinero y que toman, de manera cínica, una rebanada del pastel del narcotráfico”.

En este contexto, de tragedia y parodia, debemos entender que la captura del que fuera el delincuente más buscado del mundo no significa el fin de la corrupción y la delincuencia en México. Aunque la recaptura de Guzmán Loera pone fin a uno de los episodios más dolorosos de la Presidencia de Peña Nieto, es necesario exigir que las autoridades continúen adelante en la lucha contra la inseguridad y la falta de Estado de Derecho. En esta lucha, por cierto, continuará destacando el papel de la Marina Armada de México, la expresión más clara de capacidad, talento, disciplina y confiabilidad en nuestro país. 

domingo, 3 de enero de 2016

Mujeres y hombres de Estado


Es justo reconocer que algo se ha hecho. Los últimos 12 meses dan cuenta de que, en cuestiones de gobierno, se han concretado esfuerzos particulares para hacer de México un mejor país. Me refiero a temas centrales como la educación y la energía.   

Sobre el primero destacan los avances que la Secretaría de Educación (SEP) ha logrado en materia de evaluación magisterial. Con la llegada de Aurelio Nuño, un servidor público joven, con la inteligencia suficiente para armar un equipo de trabajo sólido, la SEP ha demostrado que el Estado todavía puede imponer su legítima autoridad sobre cualquier grupo o interés, por más poderoso que éste sea.

Después de cuatro intensos meses, el esfuerzo emprendido por la SEP ha logrado socavar la fuerza del magisterio disidente en entidades tan complejas como Chiapas, Guerrero y Michoacán. Al concluir el 2015, las autoridades educativas han logrado evaluar al 27% del total del personal que trabaja en la Educación Básica y Media Superior. Aunque aún falta modificar los modelos educativos y los contenidos, la implementación de la evaluación del desempeño es el primer paso para elevar la calidad de la educación de México.

En materia energética también se han alcanzado resultados concretos. En la industria petrolera la Secretaría de Energía (SENER) y la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) lograron despachar con éxito las primeras tres convocatorias de la Ronda Uno, trastocando con ello la naturaleza del Sector Energético.

A pesar de un entorno mundial deprimido por los bajos precios del petróleo, el trabajo de las autoridades energéticas abrió la posibilidad de que empresas privadas, nacionales y extranjeras, puedan explorar y explotar hidrocarburos por cuenta propia. Tras más de 76 años, el monopolio de Petróleos Mexicanos ha llegado a su fin. De ese tamaño es el cambio realizado en la industria de los hidrocarburos.

En la industria eléctrica los cambios avanzan en el mismo sentido: en el último año la SENER y la Comisión Reguladora de Energía (CRE) lograron sentar las bases del Mercado Eléctrico Nacional. Producto de este esfuerzo, empresas privadas, junto con la Comisión Federal de Electricidad, podrán vender y comprar energía a mejores precios, en beneficio de los consumidores y del medioambiente.

Lo que se ha construido aquí no es producto de la suerte o de la casualidad. Es, en cambio, resultado de la capacidad de los servidores públicos que forman parte del Sector Energético. Ellos representan a una generación joven y preparada que concibe el lugar al que debe llegar México.

Desafortunadamente el talento y la vocación de las autoridades del Sector Energético, o la determinación y la claridad de objetivo de los funcionarios de primer nivel del Sector Educativo, no son suficientes para que el país pueda cambiar el rumbo en las cuestiones de gobierno. Aunque esperanzadoras, estas cualidades resultan limitadas ante el inmenso problema que representan la corrupción y la falta de Estado de derecho.

En este sentido, me quedo con lo que hace poco leí en un libro de Mario Vargas Llosa: “nada desmoraliza tanto a una sociedad ni desacredita tanto a las instituciones como el hecho de que sus gobernantes, elegidos en comicios más o menos limpios, aprovechen el poder para enriquecerse burlando la fe pública depositada en ellos…”

Aunque la corrupción y la falta de Estado de derecho en México no son responsabilidad exclusiva del gobierno (los ciudadanos tenemos la misma responsabilidad), éste ha hecho mucho para que la sociedad se enfrente a la realidad de hoy con la misma resignación y fatalismo con que se aceptan los fenómenos naturales.

Para que las cuestiones de gobierno cambien nuestra realidad es indispensable contar con una burocracia capaz y honesta. Es necesario, además, que aquellos que trabajen en la administración pública entiendan que servir al Estado “es un trabajo que merece respeto, honorabilidad y la conciencia de estar contribuyendo al progreso de la nación”. En pocas palabras, resultaría útil y oportuno que los servidores públicos, en los tres niveles de gobierno, se transformen en mujeres y hombres de Estado.