Este domingo la sociedad de Colima
asistió a las urnas para elegir al nuevo gobernador del estado. Esta elección
extraordinaria, en la que el Instituto Nacional Electoral se juega mucho de su
credibilidad, se organizó luego de que el año pasado el Tribunal Electoral
anulara las elecciones ordinarias por el desaseo en la contienda.
En aquella ocasión, 7 de junio de
2015, el PRI ganó al PAN por tan sólo 500 votos de diferencia. Las elecciones
de este domingo 17 de enero resultaron similares, no sólo en términos de
competencia sino en desaseo. En función de lo apretado de los resultados es
probable que tenga que transcurrir un tiempo razonable antes de que las
autoridades electorales puedan declarar a un ganador.
Con el lodazal político de Colima,
en el que priístas y panistas volvieron a exhibir las peores artimañas, se inaugura
un año electoral complejo. En 2016 los partidos políticos competirán por el
mayor cúmulo de espacios dentro de un tablero político en el que el jaque mate
se dará hasta 2018.
Por lo pronto, el próximo 5 de
junio habrá elecciones para elegir gobernador en Aguascalientes, Chihuahua,
Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala,
Veracruz y Zacatecas. En todos ellos, menos Puebla, también se renovarán
congresos locales y ayuntamientos.
Ese mismo día se realizarán
elecciones para renovar el congreso local y los ayuntamientos en Baja
California. Es muy probable que ese domingo los ciudadanos del Distrito Federal
también votemos para elegir a 60 de los 100 integrantes de la Asamblea
Constituyente, quienes tendrán la responsabilidad de construir un nuevo marco
jurídico para la Ciudad de México.
La jornada electoral cobra
importancia porque de ella surgirán 388 diputados locales y 547 alcaldes (en
Oaxaca se elegirán, además, 418 munícipes por usos y costumbres). De estas
elecciones saldrán, además, 13 nuevos gobernadores. Todos ellos tendrán acceso
a recursos financieros y materiales que, sin ninguna duda ni remordimiento,
emplearán en la partida de ajedrez de 2018.
De las 13 entidades donde se renovará
la gubernatura, el PRI gobierna 10 y la oposición tres, con mandatarios que han
surgido de alianzas encabezadas por el PAN y el PRD (Oaxaca, Puebla y Sinaloa).
En seis de las entidades donde se
realizarán elecciones (Colima, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas y
Veracruz) nunca se ha dado una alternancia en la gubernatura. En estos estados
no existen contrapesos efectivos a los gobernadores y la estructura del PRI es
particularmente sólida.
En los cuatro restantes (Aguascalientes,
Chihuahua, Tlaxcala y Zacatecas) el PRI recuperó el gobierno tras
administraciones fallidas encabezadas por el PAN o el PRD.
Bajo la idea de que el 2016 es
parte de una compleja partida de ajedrez, se puede argumentar que las
elecciones de este año fungirán como indicadores de fuerza para personajes
involucrados en la carrera presidencial. De manera particular, el Secretario de
Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el Gobernador de Puebla, Rafael
Moreno Valle, parecerían ser dos de los aspirantes que más se juegan el 5 de
junio.
El primero
ha resurgido como un precandidato sólido tras la captura del famoso
narcotraficante Joaquín Guzmán. Una victoria del PRI en Hidalgo impulsaría aún
más sus aspiraciones presidenciales. El segundo participará en la que
probablemente sea su última prueba de fuego rumbo al 2018. Si es capaz de sacar
el resultado en Puebla, difícilmente habrá otro contendiente, al menos en el
PAN, que pueda contrapuntearlo.
Existen
otras figuras que estarán jugándose mucho de su capital en estas elecciones.
Los líderes del PAN y del PRI, Ricardo Anaya y Manlio Fabio Beltrones, son dos
de ellos. Ambos construyen, desde sus respectivos partidos, expectativas y
aspiraciones que pueden materializarse si los resultados en 2016 se dan en su
favor.
Por lo demás, resulta oportuno mencionar que en todos los estados donde habrá
elecciones la sociedad ha mostrado signos de hartazgo. No es descabellada, en
este sentido, la posibilidad de que se presenten resultados sorprendentes en la
medida en que exista algún disruptivo que pueda canalizar el descontento de la
ciudadanía.
Por ello, los partidos políticos
tienen la oportunidad (y el deber) de demostrarle a la ciudadanía que existen candidatos
que vale la pena respetar: comprometidos con el servicio público, honestos, apasionados y capaces. No
pueden olvidarse de que, como lo escribió Federico Reyes Heroles recientemente,
el único patrimonio verdadero en la vida es el respeto de los demás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario