domingo, 17 de enero de 2016

La partida de ajedrez

Este domingo la sociedad de Colima asistió a las urnas para elegir al nuevo gobernador del estado. Esta elección extraordinaria, en la que el Instituto Nacional Electoral se juega mucho de su credibilidad, se organizó luego de que el año pasado el Tribunal Electoral anulara las elecciones ordinarias por el desaseo en la contienda.

En aquella ocasión, 7 de junio de 2015, el PRI ganó al PAN por tan sólo 500 votos de diferencia. Las elecciones de este domingo 17 de enero resultaron similares, no sólo en términos de competencia sino en desaseo. En función de lo apretado de los resultados es probable que tenga que transcurrir un tiempo razonable antes de que las autoridades electorales puedan declarar a un ganador.

Con el lodazal político de Colima, en el que priístas y panistas volvieron a exhibir las peores artimañas, se inaugura un año electoral complejo. En 2016 los partidos políticos competirán por el mayor cúmulo de espacios dentro de un tablero político en el que el jaque mate se dará hasta 2018.

Por lo pronto, el próximo 5 de junio habrá elecciones para elegir gobernador en Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas. En todos ellos, menos Puebla, también se renovarán congresos locales y ayuntamientos. 
 
Ese mismo día se realizarán elecciones para renovar el congreso local y los ayuntamientos en Baja California. Es muy probable que ese domingo los ciudadanos del Distrito Federal también votemos para elegir a 60 de los 100 integrantes de la Asamblea Constituyente, quienes tendrán la responsabilidad de construir un nuevo marco jurídico para la Ciudad de México.  
 
La jornada electoral cobra importancia porque de ella surgirán 388 diputados locales y 547 alcaldes (en Oaxaca se elegirán, además, 418 munícipes por usos y costumbres). De estas elecciones saldrán, además, 13 nuevos gobernadores. Todos ellos tendrán acceso a recursos financieros y materiales que, sin ninguna duda ni remordimiento, emplearán en la partida de ajedrez de 2018.

De las 13 entidades donde se renovará la gubernatura, el PRI gobierna 10 y la oposición tres, con mandatarios que han surgido de alianzas encabezadas por el PAN y el PRD (Oaxaca, Puebla y Sinaloa).
 
En seis de las entidades donde se realizarán elecciones (Colima, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz) nunca se ha dado una alternancia en la gubernatura. En estos estados no existen contrapesos efectivos a los gobernadores y la estructura del PRI es particularmente sólida.

En los cuatro restantes (Aguascalientes, Chihuahua, Tlaxcala y Zacatecas) el PRI recuperó el gobierno tras administraciones fallidas encabezadas por el PAN o el PRD.

Bajo la idea de que el 2016 es parte de una compleja partida de ajedrez, se puede argumentar que las elecciones de este año fungirán como indicadores de fuerza para personajes involucrados en la carrera presidencial. De manera particular, el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el Gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, parecerían ser dos de los aspirantes que más se juegan el 5 de junio.

El primero ha resurgido como un precandidato sólido tras la captura del famoso narcotraficante Joaquín Guzmán. Una victoria del PRI en Hidalgo impulsaría aún más sus aspiraciones presidenciales. El segundo participará en la que probablemente sea su última prueba de fuego rumbo al 2018. Si es capaz de sacar el resultado en Puebla, difícilmente habrá otro contendiente, al menos en el PAN, que pueda contrapuntearlo.  
 
Existen otras figuras que estarán jugándose mucho de su capital en estas elecciones. Los líderes del PAN y del PRI, Ricardo Anaya y Manlio Fabio Beltrones, son dos de ellos. Ambos construyen, desde sus respectivos partidos, expectativas y aspiraciones que pueden materializarse si los resultados en 2016 se dan en su favor.

Por lo demás, resulta oportuno mencionar que en todos los estados donde habrá elecciones la sociedad ha mostrado signos de hartazgo. No es descabellada, en este sentido, la posibilidad de que se presenten resultados sorprendentes en la medida en que exista algún disruptivo que pueda canalizar el descontento de la ciudadanía. 

Por ello, los partidos políticos tienen la oportunidad (y el deber) de demostrarle a la ciudadanía que existen candidatos que vale la pena respetar: comprometidos con el servicio público, honestos, apasionados y capaces. No pueden olvidarse de que, como lo escribió Federico Reyes Heroles recientemente, el único patrimonio verdadero en la vida es el respeto de los demás.

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