Es
justo reconocer que algo se ha hecho. Los últimos 12 meses dan cuenta de que,
en cuestiones de gobierno, se han concretado esfuerzos particulares para hacer
de México un mejor país. Me refiero a temas centrales como la educación y la
energía.
Sobre el primero destacan los avances que la Secretaría de Educación (SEP) ha logrado en materia de evaluación magisterial. Con la llegada de Aurelio Nuño, un servidor público joven, con la inteligencia suficiente para armar un equipo de trabajo sólido, la SEP ha demostrado que el Estado todavía puede imponer su legítima autoridad sobre cualquier grupo o interés, por más poderoso que éste sea.
Sobre el primero destacan los avances que la Secretaría de Educación (SEP) ha logrado en materia de evaluación magisterial. Con la llegada de Aurelio Nuño, un servidor público joven, con la inteligencia suficiente para armar un equipo de trabajo sólido, la SEP ha demostrado que el Estado todavía puede imponer su legítima autoridad sobre cualquier grupo o interés, por más poderoso que éste sea.
Después
de cuatro intensos meses, el esfuerzo emprendido por la SEP ha logrado socavar la fuerza del
magisterio disidente en entidades tan complejas como Chiapas, Guerrero y
Michoacán. Al concluir el 2015, las autoridades educativas han logrado evaluar
al 27% del total del personal que trabaja en la Educación Básica y Media
Superior. Aunque aún falta modificar los modelos educativos y los contenidos,
la implementación de la evaluación del desempeño es el primer paso para elevar
la calidad de la educación de México.
En
materia energética también se han alcanzado resultados concretos. En la
industria petrolera la Secretaría de Energía (SENER) y la Comisión Nacional de
Hidrocarburos (CNH) lograron despachar con éxito las primeras tres convocatorias
de la Ronda Uno, trastocando con ello la naturaleza del Sector Energético.
A
pesar de un entorno mundial deprimido por los bajos precios del petróleo, el
trabajo de las autoridades energéticas abrió la posibilidad de que empresas
privadas, nacionales y extranjeras, puedan explorar y explotar hidrocarburos por
cuenta propia. Tras más de 76 años, el monopolio de Petróleos Mexicanos ha
llegado a su fin. De ese tamaño es el cambio realizado en la industria de los
hidrocarburos.
En
la industria eléctrica los cambios avanzan en el mismo sentido: en el último
año la SENER y la Comisión Reguladora de Energía (CRE) lograron sentar las
bases del Mercado Eléctrico Nacional. Producto de este esfuerzo, empresas
privadas, junto con la Comisión Federal de Electricidad, podrán vender y
comprar energía a mejores precios, en beneficio de los consumidores y del
medioambiente.
Lo
que se ha construido aquí no es producto de la suerte o de la casualidad. Es,
en cambio, resultado de la capacidad de los servidores públicos que forman
parte del Sector Energético. Ellos representan a una generación joven y
preparada que concibe el lugar al que debe llegar México.
Desafortunadamente
el talento y la vocación de las autoridades del Sector Energético, o la
determinación y la claridad de objetivo de los funcionarios de primer nivel del
Sector Educativo, no son suficientes para que el país pueda cambiar el rumbo en
las cuestiones de gobierno. Aunque esperanzadoras, estas cualidades resultan limitadas ante el
inmenso problema que representan la corrupción y la falta de Estado de derecho.
En
este sentido, me quedo con lo que hace poco leí en un libro de Mario Vargas
Llosa: “nada desmoraliza tanto a una sociedad ni desacredita tanto a las
instituciones como el hecho de que sus gobernantes, elegidos en comicios más o
menos limpios, aprovechen el poder para enriquecerse burlando la fe pública
depositada en ellos…”
Aunque
la corrupción y la falta de Estado de derecho en México no son responsabilidad
exclusiva del gobierno (los ciudadanos tenemos la misma responsabilidad), éste ha hecho mucho para que la
sociedad se enfrente a la realidad de hoy con la misma resignación y fatalismo con que se
aceptan los fenómenos naturales.
Para
que las cuestiones de gobierno cambien nuestra realidad es
indispensable contar con una burocracia capaz y honesta. Es necesario, además,
que aquellos que trabajen en la administración pública entiendan que servir al
Estado “es un trabajo que merece respeto, honorabilidad y la conciencia de
estar contribuyendo al progreso de la nación”. En pocas palabras, resultaría útil y oportuno que los servidores públicos, en los tres niveles de gobierno, se transformen en mujeres y hombres de Estado.
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