domingo, 26 de mayo de 2013

Se viene la lluvia

Los nubarrones se acercan. Algunos han estado ahí desde siempre. Otros se han ido formado con el transcurrir de la historia. En cualquiera de los casos, son problemas profundos que amenazan el porvenir de México.

Uno de ellos es la inseguridad. Gran parte del territorio nacional vive amenazado por la violencia que genera el crimen organizado. Las bandas criminales, dedicadas principalmente al narcotráfico, han echado raíces tan profundas que las actividades sociales, políticas y económicas en numerosas regiones dependen de ellas. Es tal su arraigo, que en muchas de las comunidades donde operan estos grupos, el tejido social está roto. Lo más preocupante es que, lejos de detenerse, pareciera que la presencia del crimen organizado se expande más y más por todo el país.   

Otro problema que amenaza el futuro de México es la corrupción. En nuestro país el respeto a la ley es cosa rara. La falta de respeto hacia el estado de derecho es responsabilidad de todos los mexicanos. Desde los funcionarios públicos que extorsionan a la ciudadanía para otorgar permisos y licencias, pasando por las empresas que buscan los recovecos de la ley para obtener mayores ganancias, hasta los ciudadanos que no somos capaces ni siquiera de respetar el reglamento de tránsito, todos en el país buscamos pasar por encima de la ley para obtener un beneficio personal.

El desprecio por el estado de derecho puede explicarse, en parte, por la mala educación que recibimos. El país está ubicado en los últimos niveles de las evaluaciones internacionales en materia educativa.  El problema no es sólo por la poca preparación de los maestros. También obedece a la falta de salones, escuelas y herramientas modernas en las que maestros y alumnos debieran apoyarse para mejorar la educación. Los planes de estudio son, también, un elemento que influye en la mala educación de los mexicanos. Se puede pensar que en nuestro país no estamos conscientes de la necesidad de formar a las personas de acuerdo con las necesidades presentes y futuras.

Con mexicanos mal preparados, la productividad y la competitividad del país son raquíticas. Esto explica el mediocre crecimiento que México ha experimentado en los últimos sexenios. El problema es grave porque vivimos en un mundo global que se caracteriza por la férrea competencia entre países. Los mercados que perdemos hoy, son oportunidades que no aprovecharemos en el futuro.

Aun cuando los problemas que nos asechan son muy serios, los mexicanos debemos tener presente que nuestro país tiene las condiciones necesarias para superarlos.

Para empezar, tenemos una posición geográfica única. México tiene salida a los Océanos Pacífico y Atlántico. Esto representa una magnífica oportunidad para vender nuestros productos en Asía, Europa y África. Nuestro país también tiene una frontera compartida de poco más de 3 mil kilómetros con la mayor potencia económica del mundo. Los beneficios económicos que podemos obtener de nuestra vecindad con Estados Unidos son incontables. No podemos olvidarnos, tampoco, que nuestra situación geográfica nos convierte en un puente natural entre Norte y Sudamérica. Las ventajas comerciales y económicas, así como las sociales y culturales podrían ser mayores si sabemos sacar provecho a esta realidad.

Otra de las oportunidades que tenemos está en nuestra riqueza energética. Además de los yacimientos frente a las costas de Tabasco y Campeche, y de la abundancia de las Cuencas del Sureste, la nación tiene grandes cantidades de petróleo y gas en aguas profundas del Golfo de México. Adicionalmente, la Agencia Internacional de Energía nos ubica como el país con las cuartas reservas más grandes de shale gas a nivel mundial. El óptimo desarrollo de este enorme potencial nos podría reafirmar como una potencia energética.

Por último, las circunstancias  políticas que imperan hoy en México deben entenderse como una oportunidad para sortear exitosamente los nubarrones que se vislumbran. En los últimos meses, la nueva Administración y los principales partidos representados en el Congreso han sabido resolver temas de la mayor importancia. Las reformas educativa, en telecomunicaciones y financiera, por mencionar algunas de las más importantes, son el resultado de una lógica política que ha puesto a México por encima de cualquier otro interés. Será necesario que está lógica continúe imperando al momento en que se negocien las reformas madre: la energética y la hacendaria. De concretarse satisfactoriamente ambas reformas, el país liberaría importantes recursos económicos.

En la acción de gobierno el Ejecutivo puede optar por definir algunas prioridades y en función de ellas establecer líneas y programas para desahogar los grandes retos. Existe, no obstante, una manera más práctica para abordar los nubarrones: se puede hacer del crecimiento económico el objetivo último de nuestra nación, y en función de ello, tomar los pasos correspondientes. De esta forma, orientando todas las decisiones de gobierno al crecimiento económico, podremos resolver los problemas de seguridad, corrupción y educación que nos afectan actualmente.

domingo, 19 de mayo de 2013

Barca sin rumbo

No hay viento favorable para barca sin rumbo. A pesar de que los resultados de las pasadas elecciones presidenciales significaban una extraordinaria oportunidad para replantear su funcionamiento, el PAN no ha podido sacudirse la derrota y continúa inmerso en una batalla interna que lo ha desgastado y dividido. Hoy, producto de este conflicto, se ve a un partido político que contrasta de forma clara con aquella oposición seria y propositiva en la que se erigió a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

La crisis alcanzó niveles sorprendentes después de que el presidente del PAN, Gustavo Madero, anunciara la destitución de Ernesto Cordero al frente del grupo parlamentario del blanquiazul en el Senado. De acuerdo con Madero, el ex coordinador de los senadores panistas tomó decisiones que muestran falta de coordinación y unidad en el partido.

El líder del PAN se refería a las reacciones que desencadenó el senador Cordero con su propuesta de reforma política, la cual dio a conocer un día después de que Gustavo Madero y los diputados panistas presentaran un planteamiento en la misma materia.

Es evidente que detrás de las diferencias entre el presidente del PAN y el senador subyace una encarnizada lucha por el control del partido. El grupo del ex presidente Felipe Calderón, pequeño y compacto, intenta desplazar a los panistas que no son afines, representados por Gustavo Madero, en aras de definir el discurso de oposición con el que habrán de presentarse en todo este sexenio.

En lo que se ha reparado poco, no obstante, es en las razones que han hecho que las diferencias sean tan notorias. Identificar estas razones resulta esencial para entender la magnitud de la crisis, sobre todo si tomamos en cuenta que a lo largo de su existencia el PAN se había caracterizado por tener la capacidad de discutir de forma institucional su funcionamiento.  

En este sentido, es oportuno recordar que la relación que Calderón estableció con su partido en el sexenio pasado es la causa de estas grandes diferencias. Como presidente de México, Calderón utilizó los recursos y la fuerza del gobierno para mover al blanquiazul de acuerdo a sus intereses. Puso y quitó a presidentes del PAN, removió a Santiago Creel de la coordinación del partido en el Senado, obligó a los panistas en el Congreso a apoyar su errática estrategia de seguridad, apoyó abiertamente a Ernesto Cordero como precandidato presidencial y, habiendo perdido éste, boicoteó, con su injerencia, la campaña de Josefina Vázquez Mota.

El grupo del ex presidente Calderón acierta al proponer que el PAN sea una oposición verdadera, un partido político que sepa decirle no al Ejecutivo. No obstante, Ernesto Cordero, Javier Lozano, Roberto Gil Zuarth y otros tantos calderonistas deberían recordar que como funcionarios públicos y panistas generaron divisiones y encono hacia el interior del blanquiazul. Sería oportuno, además, que Felipe Calderón reconociera que el principal responsable de la derrota panista en las elecciones presidenciales de 2012 fue él. Tal responsabilidad está establecida en las reglas no escritas de nuestro sistema político: el Presidente en turno tiene la responsabilidad histórica de lograr que su partido gane las elecciones.

Quizá entonces, después de que el grupo calderonista recuerde que generaron divisiones y que son los responsables de la derrota de 2012, el PAN podría volver a ser la oposición seria, propositiva y atractiva que fue en el pasado. 

domingo, 12 de mayo de 2013

El compromiso de los jóvenes


La crítica como valor esencial para desprenderse de la inmediatez. Se trata, nos explicaron en el primero día de clases en la Universidad, de tener la capacidad de observar la realidad y emitir un juicio sobre lo que debe cambiar. Todo es perfectible y sólo a partir de la crítica inicia nuestra aspiración para alcanzar la perfección.

Durante los años de mi vida universitaria procuré llevar al límite el ejercicio de este valor. Lo hacia con argumentos poco claros y elegantes. Lo más destacable era la actitud,  no solamente la mía sino la de una gran mayoría de universitarios, con la que exigíamos una vida, una sociedad, un país y un mundo mejores.

Terminé los estudios universitarios y me embarqué en el mundo laboral. No fue fácil adaptarme a mi nueva realidad. Las formas y el lenguaje eran (y son) diferentes. Las irresponsabilidades y los errores se pagaban (y se siguen pagando) muy caros.

Hace un año, en medio de un proceso electoral hasta ese entonces mediocre, vi la transmisión en línea de la visita del candidato presidencial del PRI a la Ibero. El encuentro se desarrolló en una atmósfera tensa pero aceptablemente respetuosa. Tras una exposición gris y una serie de cuestionamientos mal articulados, parecía que Enrique Peña Nieto saldría sin mayores complicaciones de aquella aduana. No obstante, hacia el final de la presentación el aspirante presidencial decidió tomar el micrófono para responder a los severos cuestionamientos de algunos estudiantes.

El tono lleno de soberbia, pero sobre todo los términos de la respuesta, exacerbaron los ánimos de los universitarios. Las consignas y los gritos contra Peña Nieto aumentaron hasta desbordarse. Ya no sólo eran los estudiantes que en un principio habían manifestado abiertamente su rechazo al priísta, ahora era toda la Universidad la que repudiaba al candidato.

La respuesta de Peña Nieto y algunas reacciones inoportunas de su equipo de campaña en el momento en que se suscitaban los hechos, exponían las brechas que existen entre los jóvenes y nuestra clase política. El viernes negro, como se le conoce a este episodio de las campañas presidenciales de 2012, demostraba, también, que el candidato del PRI era vulnerable.

Las repercusiones de la desafortunada visita de Peña Nieto a la Ibero trascendieron cuando los principales noticieros de televisión y ciertos diarios de circulación nacional mal informaron sobre los eventos del viernes negro. En su afán por ocultar las diferencias que habían expuesto los jóvenes universitarios, los medios de comunicación abordaron el evento desde una lógica que jamás ocurrió. Lo hicieron con la serenidad y la visión con la que se diseñan las estrategias de negocio.

Al ocultar el enojo universitario, estos medios de comunicación expusieron las brechas que existen entre los jóvenes y ellos.

Después de la visita de Peña Nieto a la Ibero, las cosas cambiaron. En el contexto electoral la distancia entre el candidato del PRI y el del PRD se redujo. La sociedad mexicana se entusiasmó. En la agenda nacional, la democratización de los medios y la reforma política se volvieron una prioridad.

Por aquellos días de campaña, muchos intentamos analizar e interpretar al movimiento de jóvenes universitarios que surgió a partir del viernes negro. Recuerdo que en esta tarea, me resultaba fascinante ver la creatividad de los jóvenes y la forma en la que desafiaban a la clase política y a los medios tradicionales de comunicación.

Sobra decir que fracasé en mi intento por descifrar a los jóvenes. No me sentí mal por ello. Al contrario, nunca dejé de admirar su vida, originalidad y frescura. Eran estos atributos los que me permitían sentirme representado en sus demandas.

Ahora que se cumple un año de aquella coyuntura, tengo la certeza de que los jóvenes que participaron y participan en el movimiento cumplieron puntualmente con una responsabilidad histórica. Su ímpetu y valentía obligó al hoy Presidente a incorporar en la agenda del país los temas por los que los universitarios se movilizaron.

En cuanto a lo que le depara a este movimiento, sería ocioso argumentar y discutir sobre su futuro. Basta con recordar que la crítica es un valor inherente que define la actitud de los jóvenes. Permanecerán o vendrán otras generaciones que descubran que la crítica nos enseña a soñar. 

domingo, 5 de mayo de 2013

Adiós a la luna de miel

No hay plazo que no se cumpla ni fecha que no llegue. Después de 156 días en el poder, parecería que Enrique Peña Nieto y su equipo han perdido fortaleza y efectividad. El ambiente político se crispa, el Pacto por México se tambalea, las reformas se atoran y, por si fuera poco, se empiezan a percibir signos de ingobernabilidad.

Durante los primeros meses de gobierno, la actual Administración mostró oficio político para abordar y procesar temas de la mayor importancia. Bajo una novedosa y efectiva estructura institucional, llamada Pacto por México, el gobierno federal y los principales partidos políticos concretaron diversas reformas legislativas. La más importante, o por lo menos la más visible, fue la relacionada al tema educativo.

Eran tiempos con viento a favor. El PAN y el PRD apoyaban todos los planteamientos del Ejecutivo, la opinión pública reaccionaba de manera favorable al ímpetu presidencial y Peña Nieto se consagraba con decisiones valientes, como el oportuno encarcelamiento de la lideresa magisterial.

A medida que transcurría el tiempo, el ambiente político fue cambiando. En el Congreso surgieron disputas entre ambas Cámaras. Las diferencias afloraron con la Ley de Contabilidad Gubernamental, aprobada solamente en el Senado, y alcanzaron su cenit con la reforma en telecomunicaciones.

Mientras los celos legislativos trascendían, el Pacto por México se tambaleó cuando el PAN denunció a funcionarios del gobierno federal por el manejo ilegal de recursos pertenecientes a la Cruzada contra el Hambre. La crisis escaló después de que el Presidente mostrara su apoyo público a la titular de la Sedesol, encargada de implantar la Cruzada. La respuesta presidencial ofendió a los panistas, quienes anunciaron su ausencia del Pacto por México. Sin dejar pasar tiempo, el PRD hizo lo propio.

Este desencuentro ocurrió en los días en que el gobierno federal tenía planeado presentar la reforma financiera. Para distender los ánimos y conservar con vida al Pacto por México, Peña Nieto decidió posponer la presentación de esta reforma hasta que los involucrados ratificaran su confianza en el acuerdo. Aun cuando no pasaron muchos días para que PAN y PRD anunciaran su permanencia en el Pacto por México, los tiempos legislativos han obligado a atrasar la presentación de la reforma financiera hasta que inicie un nuevo periodo legislativo en septiembre.

La reforma financiera no es la única que se ha pospuesto. Quedan en el tintero otras propuestas legislativas que, aunque de menor calado, son esenciales para que el país cuente con un andamiaje institucional sólido. Está pendiente de aprobarse, como ya se dijo, la Ley de Contabilidad Gubernamental, que permitiría transparentar el gasto público de los gobiernos estatales y municipales. En esta misma situación están las modificaciones a la Ley del IMSS, necesarias para sanear las finanzas del instituto público de salud. También faltan por abordarse las leyes que reglamentan la reforma educativa.

Los retos que se vislumbran en la arena legislativa no son los únicos ni los más preocupantes. A últimas fechas el país ha entrado en una dinámica social complicada. Las movilizaciones de la Ceteg en Guerrero, la toma de instalaciones de la UNAM por uno grupo de jóvenes inconformes y el aumento de la violencia e inseguridad en Michoacán, son señales que sugieren un problema de gobernabilidad serio.

El Presidente Peña Nieto y su equipo deben atender con prontitud los brotes de ingobernabilidad que empiezan a ser cada vez más notorios. En el contexto actual, solucionar este problema no es fácil. El gobierno ha dejado claro que una de sus prioridades es mantener con vida al Pacto por México, lo que podría atarle las manos al momento de hacer valer el estado de derecho.