Los nubarrones se acercan. Algunos han estado ahí desde siempre. Otros se han ido formado con el transcurrir de la historia. En cualquiera de los casos, son problemas
profundos que amenazan el porvenir de México.
Uno de ellos es la inseguridad. Gran parte del territorio
nacional vive amenazado por la violencia que genera el crimen organizado. Las
bandas criminales, dedicadas principalmente al narcotráfico, han echado raíces tan
profundas que las actividades sociales, políticas y económicas en numerosas regiones
dependen de ellas. Es tal su arraigo, que en muchas de las comunidades donde
operan estos grupos, el tejido social está roto. Lo más preocupante es que, lejos
de detenerse, pareciera que la presencia del crimen organizado se expande más y
más por todo el país.
Otro problema que amenaza el futuro de México es la corrupción.
En nuestro país el respeto a la ley es cosa rara. La falta de respeto hacia el estado
de derecho es responsabilidad de todos los mexicanos. Desde los funcionarios
públicos que extorsionan a la ciudadanía para otorgar permisos y licencias,
pasando por las empresas que buscan los recovecos de la ley para obtener mayores ganancias, hasta los ciudadanos que no somos capaces ni siquiera de respetar el
reglamento de tránsito, todos en el país buscamos pasar por encima de la ley
para obtener un beneficio personal.
El desprecio por el estado de derecho puede explicarse,
en parte, por la mala educación que recibimos. El país está ubicado en los últimos
niveles de las evaluaciones internacionales en materia educativa. El problema no es sólo por la poca preparación
de los maestros. También obedece a la falta de salones, escuelas y herramientas
modernas en las que maestros y alumnos debieran apoyarse para mejorar la
educación. Los planes de estudio son, también, un elemento que influye en la
mala educación de los mexicanos. Se puede pensar que en nuestro país no estamos
conscientes de la necesidad de formar a las personas de acuerdo con las
necesidades presentes y futuras.
Con mexicanos mal preparados, la productividad y la
competitividad del país son raquíticas. Esto explica el mediocre crecimiento
que México ha experimentado en los últimos sexenios. El problema es grave
porque vivimos en un mundo global que se caracteriza por la férrea competencia
entre países. Los mercados que perdemos hoy, son oportunidades que no aprovecharemos
en el futuro.
Aun cuando los problemas que nos asechan son muy serios, los
mexicanos debemos tener presente que nuestro país tiene las condiciones
necesarias para superarlos.
Para empezar, tenemos una posición geográfica única. México tiene salida a los Océanos Pacífico y Atlántico. Esto representa una
magnífica oportunidad para vender nuestros productos en Asía, Europa y África. Nuestro
país también tiene una frontera compartida de poco más de 3 mil kilómetros con
la mayor potencia económica del mundo. Los beneficios económicos que podemos
obtener de nuestra vecindad con Estados Unidos son incontables. No podemos olvidarnos,
tampoco, que nuestra situación geográfica nos convierte en un puente natural entre
Norte y Sudamérica. Las ventajas comerciales y económicas, así como las sociales
y culturales podrían ser mayores si sabemos sacar provecho a esta realidad.
Otra de las oportunidades que tenemos está en
nuestra riqueza energética. Además de los yacimientos frente a las costas de
Tabasco y Campeche, y de la abundancia de las Cuencas del Sureste, la nación tiene grandes
cantidades de petróleo y gas en aguas profundas del Golfo de México. Adicionalmente,
la Agencia Internacional de Energía nos ubica como el país con las cuartas reservas
más grandes de shale gas a nivel mundial. El óptimo desarrollo de este enorme
potencial nos podría reafirmar como una potencia energética.
Por último, las circunstancias políticas que imperan hoy en México deben entenderse
como una oportunidad para sortear exitosamente los nubarrones que se vislumbran.
En los últimos meses, la nueva Administración y los principales partidos
representados en el Congreso han sabido resolver temas de la mayor importancia.
Las reformas educativa, en telecomunicaciones y financiera, por mencionar algunas de las
más importantes, son el resultado de una lógica política que ha puesto a México
por encima de cualquier otro interés. Será necesario que está lógica continúe
imperando al momento en que se negocien las reformas madre: la energética y la
hacendaria. De concretarse satisfactoriamente ambas reformas, el país liberaría
importantes recursos económicos.
En la acción de gobierno el Ejecutivo puede optar por
definir algunas prioridades y en función de ellas establecer líneas y programas
para desahogar los grandes retos. Existe, no obstante, una manera más práctica
para abordar los nubarrones: se puede hacer del crecimiento económico el
objetivo último de nuestra nación, y en función de ello, tomar los pasos correspondientes.
De esta forma, orientando todas las decisiones de gobierno al crecimiento
económico, podremos resolver los problemas de seguridad, corrupción y educación
que nos afectan actualmente.
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