En 2008 se reformó el marco jurídico de la industria
petrolera nacional. Desde entonces, las reservas totales de hidrocarburos de
México han permanecido estables y la caída de la producción nacional de petróleo
se ha detenido. En estos últimos cinco años Pemex ha demostrado que es capaz de
garantizar el suministro energético. Con trabajo y resultados, ha puesto en entredicho
los pronósticos que concebían al país como un importador de petróleo en el
mediano plazo. Hoy la paraestatal ocupa el séptimo lugar mundial en términos de
producción de petróleo.
A pesar de estos logros, muchos consideran que la reforma
energética de 2008 fue limitada. Argumentan que el país desperdició una clara oportunidad
para permitir que los particulares compitan con Pemex en la exploración y
producción de hidrocarburos. Consideran que México ha perdido tiempo y auguran
un panorama desalentador si no se modifica la Constitución. El país no podrá
desarrollar los recursos de aguas profundas ni los proyectos de shale gas,
alertan, si el gobierno y el Congreso no abren espacios a las empresas privadas.
Los actores que claman por una apertura se contraponen
con aquellos que están convencidos de que Pemex debe continuar como el único
operador dentro de la industria petrolera nacional. Estos últimos,
identificados con los sectores de izquierda, tienen un discurso muy claro: el
petróleo es y debe seguir siendo de los mexicanos. A partir de esta premisa han
construido un discurso muy atractivo para cerrarle el paso a los particulares.
Están seguros de que el marco jurídico actual no representa un obstáculo para desarrollar
la inmensa riqueza energética del país.
El debate en torno a estas dos posturas se reavivó la
semana pasada después de que Enrique Peña Nieto diera a conocer que su gobierno
está evaluando cambios en el sector energético. Durante su último viaje al
Reino Unido, donde participó en la Cumbre del G8, el Presidente insistió en la
necesidad de ampliar la capacidad de ejecución de Pemex. Habló, inclusive, de cambios
constitucionales.
Lo dicho por el Ejecutivo causó revuelo en México. Los
medios de comunicación y las redes sociales
retomaron y discutieron el tema. Prácticamente no hubo actor político que no se
pronunciara sobre el asunto. Inclusive el ex Jefe de Gobierno de la Ciudad de
México tuvo la graciosa ocurrencia de exigirle al Presidente un debate sobre la
supuesta propuesta para privatizar Pemex. En el fondo, independientemente del oportunismo
político de Marcelo Ebrard, quedó claro que el energético es un tema que genera
grandes pasiones en el país. No en balde se suele decir que el petróleo ha sido
y seguirá siendo causa de importantes epopeyas en México.
La caja de Pandora está abierta. No importa que aún no
existan argumentos sobre la mesa. A pesar de que el gobierno ha insistido en que
el tema se abordará en los tiempos y de acuerdo con lo que se ha establecido en
el Pacto por México, todos los partidos políticos se mantienen al pie del
cañón, velando armas para discutir lo que sin duda será la reforma madre.
¿Qué podremos esperar de esta discusión? Parecería que
más que argumentos técnicos lo que se discutirá serán posturas ideológicas. El
capitalismo salvaje frente a la izquierda retrógrada. Y mientras se construye
un nuevo equilibrio entre estas dos fuerzas, la industria petrolera nacional
corre el riesgo de quedarse sin las herramientas necesarias para desarrollar de
forma óptima los recursos energéticos que se encuentran en el subsuelo del
territorio nacional.
Me parece un buen resumen de la situación, pero no veo dónde está tu posición. Creo que es importante en función del título del blog: "hombre de Estado."
ResponderEliminarCreo que ésta es la posición que le falta a tu comentario ¿Cuál es la posición de un hombre de Estado? Y no es cualquier cosa por que es discutir un tema importante para el desarrollo de una sociedad, desde la posición de un individuo mismo que es parte de ese "pacto" o "voluntad" que lo vincula y hace partícipe del funcionamiento de su sociedad desde su organización política.
Si consideras que el debate que ocurrirá estará sesgado por posturas ideológicas, entonces, además de los otros elementos involucrados (criterios técnicos, económicos, sociales, de empleo, sindicales, etc.) ¿entonces no sería también buen tiempo para discutir las posturas ideológicas mismas? Ya que éstas también forman parte de la configuración de un Estado.
Yo considero que antes de entrar a la discusión de si abrir o no el sector energético, y en particular el del petróleo, el Estado debiera avanzar en comprometerse con el combate a la corrupción. Ahí hay una fuga del capital estatal que se escapa a la sociedad mexicana, a través de la empresa paraestatal que controla al sector energético del país, y que no me queda claro cuánto del presupuesto nacional se está desperdiciando.
ResponderEliminarSin reformas orientadas primero al combate a la corrupción, transparencia y rendición de cuentas en el sector energético, creo que se corre el mismo riesgo de caer en un "capitalismo" (o competencia) de "amigos", como ocurre en los sectores financieros-bancarios, telecomunicaciones (Telmex, telcel, televisa/tvazteca), y eso no es la solución (creo) que el país necesita.
Muchas gracias por tus comentarios tutaman.
ResponderEliminarEl combate a la corrupción es uno de los principales retos de la nueva administración de Pemex. No es un asunto fácil de abordar. La paraestatal está ejerciendo este año un presupuesto del orden de los 25 mil millones de dólares y la poca transparencia de los procesos que norman las licitaciones facilitan las prácticas corruptas.
Este reto, sin embargo no pasa por una reforma al marco jurídico. Se puede y debe abordar con voluntad política.